Laureano cree que todos los habitantes de Arroyo Inclinado se han transformado en nudos rojos. Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba el villano; el pueblo está lleno de gallinas, así que debe regresar al laboratorio para revisar la máquina. Allí se encuentra con Cándido, quien debe improvisar para que el grupo tenga tiempo de planear cómo devolver todo el pueblo a la normalidad.