1929 es un año marcado por las desgracias. Muere María Cristina, el hundimiento de la Bolsa de Wall Street lleva a la economía a la ruina y los movimientos contra la dictadura y contra la monarquía se multiplican. Es el fin de una época: la de la dictadura de Primo de Rivera. Los malos vaticinios de los que Ena avisó a Alfonso se cumplen. El triunfo de los partidos republicanos en 1931 provocan el exilio de la familia real, destino París. Al principio, la recepción es excelente, pero poco a poco el exilio y los recortes económicos tensan la situación. La familia se dispersa. Y la única felicidad de Ena es que le acompañan sus leales damas, entre ellas la duquesa de la Victoria. Alfonso pensaba volver pronto a España, pero las noticias que llegaban de España: las nuevas Cortes, la elaboración de una nueva Constitución… le hacen perder los nervios. Y Ena, harta, decide separarse de él. Desde España empiezan a oírse rumores de guerra.
Recién acabada la Segunda Guerra Mundial, los servicios de información del Régimen entran en alarma al saber que Ena va a tener una reunión en Londres con un periodista español, Augusto Assía. Corresponsal en el Berlín nazi, periodista al servicio del propio Franco en Burgos, corresponsal en Londres, donde engaña a los alemanes sobre el desembarco en Normandía… Assía tiene todas las trazas de ser un espía inglés. Ena conversa con Assía de su pasado. Le reconoce que desde la dictadura de Primo de Rivera no ha podido dormir bien ni una noche. Le habla de sus encuentros en Roma con Alfonso y de cómo le acompañó en su muerte…