En 1998, una expedición de la compañía RMS Titanic se sumergía en las frías aguas del Atlántico Norte con el fin de estudiar los restos del naufragio del famoso transatlántico británico. La investigación llevada a cabo no sólo se convirtió en un fascinante recorrido visual por los restos de la malograda nave, sino que fue de gran ayuda para que los científicos lograran esclarecer el desarrollo de la tragedia.