Nació para luchar, le educaron para no aceptar nada que no fuera la victoria en el campo de batalla. Es el gran comandante militar de Cartago, Aníbal. La misión de su vida es destruir Roma o morir intentándolo.
La guerra está a punto de estallar y dos hombres se preparan para luchar. Uno de ellos es Goliath, según la Biblia es un gigante de casi 3 metros de altura, el otro es un joven pastor y israelita, David. Es una de las historias más conocidas de la Biblia, una batalla legendaria, pero tras la heroica leyenda se oculta historia de traiciones y muertes violentas. La gesta de David conseguirá unir a un pueblo pero para lograrlo destruirá un país.
Los israelitas de la antigüedad están descritos en la Biblia como terribles guerreros, feroces y despiadados. Su líder es Josué, un brillante estratega militar dispuesto a llevar a los israelitas a la tierra prometida. Para poder cumplir esta misión Josué y todo su ejército lucharán en alguna de las batallas legendarias más brutales descritas en la Biblia.
Durante un tiempo, la victoria de los galos parece posible. Sobrepasan en número a los romanos en una proporción de cinco a uno y mantienen su posición en la ciudad fortificada de Alesia, situada en la cima de una colina. Sin embargo, el siempre audaz General Julio César construye una segunda muralla alrededor de la ciudad, cortando todas las posibles líneas de suministro. Cuando llegan los refuerzos galos para romper el bloqueo, César da otro extraordinario giro a su estrategia. Construye una tercera muralla entre su ejército y los refuerzos. Desesperados, los galos dejan salir a las mujeres y niños de Alesia, creyendo que César les dejará pasar. Sin embargo, César ordena que no se haga nada. Los dos bandos observan cómo los inocentes mueren de hambre en tierra de nadie. Completamente desmoralizados al ver a sus esposas e hijos morir de hambre, los galos son aniquilados y Roma conquista la Galia.
En una maniobra de brillantez estratégica, Moisés lidera a su pueblo fuera de Egipto y arrastra al ejército egipcio hasta la muerte. Mucha gente considera este Éxodo israelita como un acto de intervención divina.
La última campaña de Alejandro Magno empezó cuando intentó extender su gran imperio hasta la India, demostrando que el engaño es una de las armas más poderosas que puede blandir un general. Al liderar sus ejércitos camino de la India, Alejandro Magno se enfrentó a uno de los desafíos tácticos más difíciles que un comandante de tierra puede encontrar: el paso de un río durante un feroz enfrentamiento contra un enemigo. Alejandro logró engañar al general indio Poros convenciéndolo de que no intentaría el paso. Sin embargo, al abrigo de la noche, dirigió a su infantería a través del río, cogiendo a las legiones indias por sorpresa. La victoria fue posible gracias a su brillantez estratégica y la campaña final de Alejandro continuó.
Una batalla fronteriza en principio insignificante provoca un enfrentamiento a gran escala entre los egipcios y los hititas, dos de los grandes imperios del mundo antiguo. Lo que comienza como una disputa sobre una zona neutral, acaba desencadenando una lucha por el dominio de la región entre las dos potencias comerciales de la Antigüedad. Ramsés, el faraón egipcio, cae en la tentación de aumentar su ejército, creyendo que la primera fuerza de combate que llegue a la ciudad en disputa, Qadesh, vencerá. Pero Ramsés ha sido engañado ya que el ejército hitita ya está allí esperando. Las tropas de Ramsés sufren numerosas pérdidas y son rodeadas por tres flancos. De forma asombrosa, los soldados egipcios, con tan sólo su habilidad para la lucha, son capaces de abrirse paso combatiendo y logran escapar.
Superado en número y claramente en desventaja, el ejército ateniense utiliza su conocimiento del terreno para acabar con un violento ataque persa. Tras soportar la falta de respeto de Atenas durante años, el ejército persa, ofendido, se pone en marcha para dar una lección a los atenienses. La gigantesca flota persa parece predestinada a superar al pequeño ejército de Atenas, abandonado por sus aliados de Esparta. Sin embargo, la combinación de una brillante estrategia de defensa, el valor extraordinario de las tropas griegas y un corredor cuya ruta pasará a la historia, obliga a los persas a la retirada a través del mar Egeo. La Batalla de Maratón desencadena una de las batallas más célebres entre Grecia y Persia: la Batalla de las Termópilas.